La parranda que une al pueblo

Las cuerdas, las voces y las canciones de siempre se convierten en un punto de encuentro entre generaciones
En Fuerteventura, las parrandas no necesitan aparecer en un cartel ni tener una hora marcada para convertirse en protagonistas. Surgen sobre la marcha, al calor de las fiestas y de los encuentros entre vecinos. Basta con que alguien saque el timple, que empiece a sonar una canción y que poco a poco se vayan sumando voces.
Lo que comienza entre unos pocos puede terminar reuniendo a todo un grupo alrededor de una mesa, en una plaza o a la salida de cualquier acto. Es una de esas escenas que se repiten cuando llegan las fiestas: alguien arranca una canción, otro se anima y, casi sin darse cuenta, ya hay una pequeña parranda formada.
En El Cotillo este espíritu cobra especial protagonismo. Las fiestas en honor a Nuestra Señora del Buen Viaje genera estos encuentros espontáneos entre vecinos junto al mar, dónde la música aparece de manera natural y convierte cualquier reunión en una oportunidad para cantar y compartir.
Las parrandas son mucho más que música. Son una forma de hacer pueblo. En ellas caben los mayores que conocen las canciones de siempre, los jóvenes que las descubren y quienes llegan de otros rincones y terminan sumándose al grupo. Un timple, unas voces y ganas de pasarlo bien pueden ser suficientes para que empiece la fiesta.
En unas islas donde las celebraciones populares siguen siendo un punto de encuentro entre generaciones, las parrandas mantienen intacta esa capacidad de reunir. Porque cuando empiezan a sonar las canciones de siempre, las conversaciones se paran y el pueblo canta a una sola voz.