¿Riesgos de italianofobia en Fuerteventura?

El crecimiento desmedido de los nacionales del país transalpino en el punto de mira
El crecimiento desmedido de la llegada de personas desde otros puntos del planeta a la isla de Fuerteventura se ha convertido en una máxima, sobre todo tras la pandemia.
En Fuerteventura, en estos momentos, solamente han nacido en la isla un 30% de sus residentes, lo que genera una realidad sociológica sin parangón en nuestro entorno, con riesgo de pérdida de valores identitarios a la vez que se generan problemas propios de la avalancha de recién llegados.
La cultura, la forma de vivir, e incluso el consumo de suelo y su encarecimiento son victimas colaterales en un territorio insular que se caracterizaba por su escaso poblamiento hasta hace pocas décadas.
Una historia marcada por el profundo apego a la tierra por parte del majorero, se ve truncada con la llegada del S.XXI y la sobrexposición a la industria turística y la legión de trabajadores que han llegado con ella.
Tras los trabajadores llegaron los emprendedores y con ellos una nueva forma de generación de economía ligada a la hostelería y al comercio del suelo, en forma de inmobiliarias que ofrecían a otros centroeuropeos terrenos en la isla que cotizaban más que el oro.
Inmobiliarias y especuladores van de la mano en un proceso donde el primer eslabón es el propietario, majorero que vende el valor heredado por sus antepasados y que de esta forma “hipoteca el futuro de sus descendientes”, o el de los descendientes de sus vecinos.
¿De dónde sale la italianofobia?
En este contexto hay una nacionalidad que destaca sobremanera del resto de recién llegados, y son los italianos. Sobre todo en la zona norte de la isla, Corralejo, El Cotillo, pero ya en casi todos los lares de Fuerteventura.
Todo apunta a que el descontento social de la población local con “la nueva realidad”, lo empiezan a pagar los italianos, llegados de Europa con todos los derechos adquiridos frente a otros grupos nacionales o sociales de otros lares que llegan con muchos menos derechos.
En este colectivo se incluye también a nacionales argentinos con doble nacionalidad argentina e italiana, que acceden a los mismos derechos en idénticas circunstancias que los anteriores.
El volumen de italianos y argentinos y su manera de entender su propia cultura los hace poco preparados para la integración en el territorio insular, generando sus propios espacios de convivencia alejados del idioma y de la realidad social de la isla, lo que unido a la desproporción de la llegada está generando reacciones negativas en la sociedad isleña.
La postura Meloni
La situación generada en Ceuta con la irrupción de 70.000 personas y la posterior reacción del gobierno italiano de suspender Shenghen para las personas que viajan desde España ha venido a complicar aun más la visión del pueblo italiano por parte de muchos canarios.
Y es que se en una parte importante de los isleños duele todavía pensar la falta de solidaridad en Europa con la llegada de personas migrantes del continente africano, “nos invaden desde Europa, se quedan con nuestra manera de vivir, con nuestras casas y a la hora de ayudar cierran la puerta. No hay derecho”, comentan activistas del territorio en la isla.
Cambio de ciclo
“Vivir en Fuerteventura es el sueño de toda Europa, o al menos pasar largas temporadas en la isla”, con esta frase de un napolitano residente en Corralejo se resume todo. “Y cuidado porque son cientos de millones”, apostilla.
Todo apunta a que los tiempos que recuerdan la mayoría de los majoreros han cambiado. La realidad sociológica de la isla es otra, y seguirá mutando delante de nuestras narices sin capacidad de control, sin instrumentos que ofrezcan un marco regulador objetivo. Instrumentos que equilibren el proceso.
La falta de ordenamiento del suelo en Fuerteventura no ayuda. En el peor momento estamos sin posibilidad de contener vía regulación, y de esta forma se multiplican las necesidades de vivienda y la ocupación de suelo rústico se multiplica.
Vivir en precario ya es norma en la isla, y el chabolismo empieza a asomar sus “patitas”. En este contexto se empiezan a observar fobias a grupos sociales, no irán a más, pero el proceso de asimilación debe generar debates enriquecedores por parte de todos.