La carrera por los euro-tokens: Banca y fintech se disputan el dinero digital bajo MiCA

Un año después de la entrada en vigor efectiva del Reglamento MiCA, España se ha convertido en uno de los laboratorios más activos de la nueva arquitectura financiera digital europea. El país figura entre los que más rápido están concediendo licencias a proveedores de servicios sobre criptoactivos, al tiempo que su gran banca acelera con proyectos propios de stablecoins y tokenización de dinero electrónico.
Para territorios altamente turísticos como Fuerteventura, donde los pagos con tarjeta, el comercio internacional y las remesas son cotidianos, este dinero digital regulado puede acabar teniendo un impacto práctico en comisiones, tiempos de liquidación y control del fraude.
Detrás de los titulares sobre la subida del precio de bitcoin o la aprobación de nuevos ETF, se está librando una batalla menos visible, pero mucho más relevante para el día a día de empresas y ciudadanos. Es decir, quién controla los euro-tokens regulados, los e-money tokens (EMT) denominados en euros bajo MiCA. La banca parte con una ventaja clara, pero las fintech no han tirado la toalla.
De las stablecoins al euro-token regulado
MiCA nació con la ambición de poner orden en un mercado de criptoactivos marcado por la opacidad y al mismo tiempo proteger la estabilidad financiera y al consumidor europeo. Desde finales de 2024, el reglamento se aplica a determinados criptoactivos en toda la UE, estableciendo un régimen de supervisión coherente para emisores y proveedores de servicios.
El texto distingue entre tokens referenciados a activos (ART), tokens de dinero electrónico (EMT) y otros criptoactivos. Los EMT son, en la práctica, euro-tokens regulados. Deben mantener una paridad 1:1 con una moneda oficial, como el euro, y se consideran legalmente dinero electrónico, lo que implica fuertes exigencias de capital, liquidez, gobernanza y protección del saldo de los usuarios.
En paralelo, una parte del interés minorista se vuelca en activos de alto riesgo y fuerte componente social, como las memecoins. Estas memecoins no son euro-tokens ni dinero electrónico, y su volatilidad y liquidez pueden ser muy distintas de las de los EMT regulados bajo MiCA (fuente: https://cryptonews.com/es/criptomonedas/mejores-meme-coins/).
Mientras muchos inversores siguen las noticias para decidir si compran o venden en función del ciclo del mercado, en Bruselas y Madrid el foco se ha desplazado hacia estos euro-tokens regulados. La gran cuestión ya no es solo qué cripto sube más, sino quién estará autorizado a emitir y distribuir el euro digital privado con el que se liquidarán pagos, nóminas o remesas dentro del marco MiCA.
Ventaja regulatoria para la banca española en los e-money tokens
La letra pequeña del reglamento deja claro que los EMT no son para cualquiera. Solo las entidades de crédito y las entidades de dinero electrónico, es decir, bancos y entidades ya supervisadas bajo la normativa de pagos de la UE, pueden emitir oficialmente e-money tokens.
El resto de actores cripto deberá limitarse a prestar servicios sobre esos tokens o, si quieren ir más allá, obtener licencias adicionales de pagos o dinero electrónico. En España, esta asimetría ya se refleja en el mapa regulatorio. Según el listado público de la CNMV, decenas de proveedores ya figuran como autorizados bajo MiCA, mientras el registro europeo de ESMA recoge más de 80 licencias en toda la Unión.
Aunque figuran plataformas nativas cripto, los grandes grupos financieros concentran buena parte del peso y cuentan con equipos de cumplimiento normativo acostumbrados a lidiar con requisitos prudenciales exigentes. La banca, sin embargo, juega con ventaja.
Parte de una base regulatoria sólida, conoce el terreno y puede integrar los euro-tokens en infraestructuras ya consolidadas de pagos y banca digital. Para comercios y usuarios en islas, donde el turismo y la estacionalidad pesan, la promesa suele resumirse en una idea. Eso es, pagos más instantáneos, pero bajo un control regulatorio más estricto.
Los movimientos de BBVA, CaixaBank y la gran banca
El giro estratégico de la gran banca española hacia los criptoactivos se ha acelerado en 2025. BBVA fue el primer banco en obtener la licencia MiCA en España y ya ha anunciado que ofrecerá servicios de compraventa y custodia de bitcoin y ether a través de su aplicación, inicialmente para un grupo reducido de clientes y con despliegue progresivo al resto de usuarios.
El siguiente paso va más allá del simple acceso a criptomonedas. Según adelantó la propia entidad en octubre, BBVA trabaja para lanzar en 2026 una stablecoin propia, respaldada por euros y posiblemente otras divisas, cumpliendo MiCA y pensada para integrarse en redes como Ethereum y en esquemas de pago internacionales.
No es un movimiento aislado. Acerca de la apuesta de la banca española por las criptomonedas, Openbank, CaixaBank y el propio BBVA ya permiten comprar y vender criptoactivos, aunque con estrategias diferentes y, de momento, sin dar el salto a la emisión de euro-tokens propios.
La lógica, sin embargo, apunta en esa dirección. Si los bancos quieren competir en pagos tokenizados y finanzas descentralizadas reguladas, necesitarán fichas de dinero electrónico plenamente integradas en sus canales. La combinación de licencia MiCA, capacidad tecnológica y base de clientes convierte a estos grupos en candidatos naturales a dominar la primera generación de euro-tokens privados.
La respuesta fintech: Del sandbox al escrutinio MiCA
Las fintech no han esperado a MiCA para experimentar con versiones tokenizadas del euro. El caso más conocido en España es EURM, el token digital impulsado por MONEI en el sandbox regulatorio del Banco de España.
El proyecto, que buscaba facilitar pagos instantáneos mediante un euro tokenizado, recibió luz verde para pruebas controladas y abrió el debate sobre cómo encajar estos modelos en la regulación definitiva.
Con la plena aplicación de MiCA, ese tipo de iniciativas tienen que migrar a un marco mucho más exigente. Emitir EMT supone cumplir requisitos de capital, salvaguarda de fondos, auditoría, gobierno corporativo y gestión de riesgos muy similares a los del dinero electrónico tradicional.
Para una fintech de tamaño medio, el salto desde un entorno de pruebas a un régimen completo puede implicar costes legales y de estructura difíciles de asumir sin alianzas bancarias. Aun así, el terreno no es exclusivo de la banca.
En otros países europeos ya han surgido entidades de pago y dinero electrónico que, además de operar como proveedores de servicios sobre criptoactivos con licencia MiCA, aspiran a emitir sus propios tokens referenciados al euro. España podría seguir esta senda si el regulador mantiene abiertos los canales de entrada y fomenta la competencia más allá de los grandes grupos bancarios.