PSICOLOGÍA DEL COLONIZADO, CELOS Y CULTURA POPULAR. Por Pedro Hernández Guanir

¿Está Raudel molesto por la celotipia de su novia, por los panfletos “independentistas” del curita sudamericano ante la visita del Papa a Canarias o por «Lo de “La paz sea con ustedes” en lugar de “la paz sea con vosotros”?».
LA CANARIEDAD DEL PAISAJE
Dejamos el Valle de la Orotava y Los Realejos. Cruzamos el túnel de San Vicente. Rumbo a San Juan de la Rambla. Impresiona ese murallón de verodes, guairiles y palmeras, cortado por barranqueras y pequeñas huertas que se encaraman en la verticalidad. A la derecha, el mar tumbado y sonriente; el terreno es desigual, desdentado. A veces aparecen plataneras con estanques y haciendas coloniales.
Mientras disfruto del paisaje, le comento a Raudel que no hay tiempo para tratar tantos temas. Respiro y le suelto:
—¿Y al final, ¿qué es de tu boda con Flori?
—¿Es tu síndrome de profesor alterado por no terminas el temario? —me pincha.
No lo mandó a freír chuchangas. Raudel está agobiado; se pasa la mano por la cabeza y suelta ideas inconexas, señal de que su horno está caldeado:
—Por aquí había cochinos negros (autóctonos) ¿no? Estos barrancos son cascadas cuando llueve… Y cómo los saltarían los cabreros guanches con sus lanzas… Mira esas terrazas de aguacates… Y ahí está el monolito…
Llegamos al profundo tajo del Barranco Ruiz, límite final de Los Realejos. En lo alto, el Pico de la Grieta, un roque de prepotencia fálica. Por aquí bajaba de noche la gente con hachones humeantes hacia el barrio de La Rambla, a la Fiesta del Humo. A sus pies, hasta 1942, un molino trituraba el gofio que alimentó a generaciones.
CELOS Y PSICOLOGÍA DEL COLONIZADO
Y, como si el paisaje lo activara, Raudel se vuelve a irritar. Le explico que los celos de su novia Flori no nacen del amor, sino de un Ego mal construido. Él lo sabe. Desde niña fue convertida en centro, sin límites ni frustraciones.
Su psique funciona como la de una pequeña tirana. Lo ha tenido todo y teme perder lo mínimo. Vive en hipervigilancia paranoica. En ese síndrome delirante, su Yo es débil, inflado por el capricho, y el Otro, no es persona, es propiedad.
Le respondo a Raudel que lo que le ocurre a su novia no es motivo de un trauma, a diferencia del síndrome del colonizado, que describe Fanon, en que el Yo está hundido, aunque rumiando su malestar.
—Ya sabía yo, que ibas a sacar el tema de la colonización. ¿Es necesario? Han pasado cinco siglos…
—Lo es. Yo creo que la colonización psicológica en Canarias es producto del desgarro de la conquista: pérdida de tierras, ganado, costumbres, lengua, cultura, y sometimiento a la esclavitud…
Así, los viejos guanches se avergonzarán. El colono no solo fue conquistador, sino dueño y señor de sus esclavos, criados, medianeros y familia… Y eso, hasta hace poco…
Y en Canarias esto se agrava por la diglosia (situación en la que dos modalidades de habla coexisten en la comunidad). Por una parte, un “habla popular” —hijo del castellano antiguo y del portugués— y por otra, el “habla oficial”, lenguaje culto ante el que nos sentimos inferiores.
Pérez Vidal lo explicó bien, aunque culpabiliza al pueblo por desconocer su propia historia lingüística.
En la psicología del colonizado, por un lado, está el sentimiento de víctima, que se sabe con derechos, pero se siente incapaz de exigirlos (P. Alonso Espinosa observa en los guanches de Candelaria la vergüenza de hablar de lo propio, y Pedro García Cabrera lo expresa el deseo de que la isla deje de ser “silencio amordazado).
Por otro lado, la soberbia del que cree que el territorio es su capricho particular y trata de imitar al dominador. Dos caras del mismo problema: un Yo sin lugar legítimo donde sostenerse.
Pedro H. Guanir y Manuel Alemán son los autores que mejor han descrito esta tensión:
GUANIR habla de indefensión aprendida: siglos de obediencia que generan un “niño grande” con baja asertividad. La madre sobreprotectora impide el desarrollo del Yo adulto. El pique es agresividad desplazada; el pleito, un sustituto de la acción. La salida: conocer la identidad que potencia la autoestima, cortar el cordón umbilical y aprender a manejar las emociones y a ser asertivo.
ALEMÁN habla de enajenación: pérdida del sentido de propiedad sobre la tierra y la cultura. La madre es último refugio. El pique es autofagia; el pleito, conciencia escindida. La salida: concientización.
PROTAGONISMO CULTURAL DEL PUEBLO
Entramos en San Juan de la Rambla. Raudel recuerda mi intervención «El eco del bucio y la memoria del mañana» al pasar por la Biblioteca de la Casa de los Pérez.
* Mi intención fue tender un puente entre cultura popular e ilustrada: recordé al antiguo dueño, alcalde don Felipe Pérez y a su mujer Rosa con el “aro” (planta medicinal de la zona), al secretario Díaz Llanos rumbo a París, a Bogart, y su hijo José Antonio Pérez quien, vendió el edificio al Cabildo, padrino de mi hermano Toño, el guanche del bucio, en la entrada de la Matanza, para dar un toque de identidad histórica.
— ¿Qué podría haber hecho el pueblo en un acto tan selecto? —replica Raudel.
Le digo que el casco de San Juan, con menos de mil habitantes, siempre fue un hervidero cultural: trece zapaterías, fábrica de alpargatas, empaquetados, bancos, el mayor porcentaje de maestros y universitarios por metro cuadrado, el equipo de Natura y Cultura, GEVIC, la Asociación Martín Rodríguez, La Chistera, el Mercado Barroco, La Limera, El Alcaraván…
Y antes, las tertulias espontáneas en carpinterías, zapaterías y trabajos de calado las veladas artístico musicales, habiendo sido todo un símbolo, la representación de la Zarzuela "La MONTERÍA", pasando al teatro y a interesantes organizaciones culturales y juveniles, desde los 50 a los 80.
—Habrá que aplaudir, ¿no? —soltó Raudel con ironía. También con valoración. Él cree que los canarios tenemos unos valores que si los tuvieran los catalanes «se pasarían todo el tiempo cacareando como las gallinas al poner un huevo».
UN JUICIO DE COJOS
—No hace falta aplaudir, pero defiendo la línea constructivista popular de partir de lo propio para que haya cultura sólida. Un ejemplo es el barrio de Las Aguas, donde ha dominado el verso, la ironía y el pique, influidos por la migración cubana. Ante cualquier suceso, los ‘sagueros” sacaban punta en verso…
A ti, Raudel, como juez, va esta décima, atribuida a Rafael Falcón- Alude a un juicio donde todos eran cojos: D. Juan Núñez el demandante, Dª Mercedes la de Raya, la demandada; D. Temístocles, el juez; D. Oroncio Hernández, el secretario: Manuel Oramas, más conocido por el Cojo D. Ángel y D. Vicente Pérez, los testigos).
La décima decía:
Un juicio de conciliación
que un juzgado entabló
y de cojos se juntaron
en él una colección.
Cojo fue el que demandó,
cojo fue la demandada,
cojo el juez que dio entrada,
cojo el secretario ajeno,
cojos los dos hombres buenos…
y todo se volvió una cojonada.
—Realmente fue una cojonada—bromea Raudel—. Pero, tú como psicólogo, ¿por qué la gente se fija en el que cojea y no, e8n el que camina bien? ¿Por qué Canarias es la comunidad con más pleitos?
—Pues habrá que verlo…
Mientras tanto, amigo, recibe mi fuerte abrazo:
Pedro Hernández-Guanir