Doble rasero en las conexiones marítimas con Marruecos: la inquietud de Fuerteventura

Ni asociaciones de agricultores, ni importadores de forraje animal, ni ganaderos, ni técnicos de la administración ven negativa la línea Agadir-Las Palmas
La reciente aparición en prensa de iniciativas para establecer una nueva línea marítima entre Agadir y Gran Canaria ha reavivado una preocupación latente en Fuerteventura: el evidente desequilibrio de criterio que se aplica cuando estas conexiones afectan a unas islas frente a otras.
No es la primera vez que se plantea una conexión marítima con la costa marroquí. El proyecto de línea entre Fuerteventura y Tarfaya lleva años sobre la mesa. Sin embargo, cada vez que se ha intentado avanzar, han surgido numerosos obstáculos: alertas del sector primario ante el riesgo de introducción de plagas, preocupación por la competencia de productos agrícolas marroquíes, y una notable presión social y política que ha frenado cualquier desarrollo efectivo.
Estas reticencias, legítimas en un contexto de protección económica y sanitaria, han sido esgrimidas con contundencia cuando el punto de conexión afectaba a una isla no capitalina. Incluso desde otras instituciones del archipiélago se han cuestionado los posibles efectos negativos de dicha línea sobre el equilibrio regional.
Sin embargo, el escenario cambia de forma significativa cuando la iniciativa se traslada a Gran Canaria. Las dudas que antes parecían insalvables se diluyen. Las advertencias sobre plagas o competencia exterior pierden protagonismo, y lo que antes era motivo de bloqueo se convierte ahora en una oportunidad estratégica.
Especialmente llamativa resulta la evolución del discurso desde la Autoridad Portuaria de Las Palmas. Hace apenas unos meses, desde esta institución se señalaba la falta de claridad sobre el tipo de mercancías que podrían importarse desde Marruecos. Hoy, no solo se conocen esas mercancías, sino que se trabaja activamente para materializar la conexión con Agadir.

Este cambio de posicionamiento alimenta la percepción de un doble rasero en la toma de decisiones. Mientras que en Fuerteventura se ha exigido un nivel de cautela extrema, en Gran Canaria parece primar una visión más flexible y orientada al desarrollo logístico y comercial.
Desde la Cámara de Comercio de Fuerteventura se observa con inquietud esta disparidad de criterios. “No se trata de oponerse al progreso ni a la mejora de las conexiones internacionales, sino de reclamar coherencia, equidad y un análisis homogéneo de los riesgos y oportunidades, independientemente de la isla en cuestión”, afirman.
Este debate conecta directamente con el modelo sociopolítico del archipiélago canario, donde cada vez se percibe con mayor claridad la existencia de dos Canarias: una que avanza a mayor ritmo económico y concentra oportunidades, y otra que queda rezagada, con menos capacidad de influencia y desarrollo. Un sistema que, lejos de corregir desequilibrios, corre el riesgo de acentuarlos, generando una dinámica de dos velocidades.
En este contexto, la llamada “doble insularidad” continúa siendo un tema incómodo, casi tabú en el debate público. Sin embargo, es precisamente ahí donde se refleja con mayor nitidez la realidad de las islas no capitalinas: territorios que, como Fuerteventura, reclaman igualdad de trato, coherencia institucional y una visión verdaderamente equilibrada del desarrollo regional.
