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Apañadas, el papel femenino en la cultura de la ganadería de costa

Pese a la fuerte división del trabajo en la sociedad rural majorera, el papel de la mujer es determinante para comprender esta cultura

 

  • Redacción NoticiasFuerteventura
  • foto PellaGofio Tato Gonzalves. Ines Martín

     

    Las mujeres del medio rural siempre han resultado determinantes para su vertebración territorial y social. Sin embargo, en el medio rural siempre se han mantenido escenarios de desigualdad entre mujeres y hombres en un grado más acusado de lo que ocurre en el medio urbano.

     

    En cualquier caso, en la memoria colectiva de los majoreros queda nuestro pasado reciente, donde la población de la isla estaba ligada a una economía de autoconsumo, en la que siempre se involucraba toda la unidad familiar.

     

    Es importante pues analizar la participación y contribución de las mujeres a la actividad de la ganadería de costa. Así según afirman Alleden M. Gutiérrez y Edgar A. Freivals  en su fantástico libro La cabra de Costa en Fuerteventura,  “según los relatos de los informantes, la participación de la mujer se concentraba mayormente en las apañadas de diario, en las labores de pastoreo, ordeño y elaboración del queso, es decir, ocupaban el espacio de lo doméstico”.

     

    «(...) yo me acuerdo que era... claro porque mi madre ordeñaba las cabras, ella era la que ordeñaba (...) antes venían desde arriba, sí, no irían siempre pero cuando no había para echarle una mano al marido y eso, a recoger los animalitos, si no tenía tal desde arriba y ellas son las que ordeñaban las mujeres, me acuerdo yo muy bien, mi madre la que ordeñaba era ella.» (Juan Pérez Viera, 1951, comisionado de Pájara).

     

    «En los corrales sí pero en las apañadas no, en el corral sí, en el corral donde estábamos ordeñando sí, ordeñando (...) si era para apañar las cabras que nosotros teníamos cogidas eso sí, sí dian las mujeres también claro, la hermana de este [se refiere a Juan Pérez], la más vieja, Ángela, estaba conmigo, la pobre, desde chiquitilla, porque el padre estaba enfermo y... pero no, yo me refiero a las apañadas, a las apañadas a esas que se hacían para juntar los ganados de varios, los ganados sueltos, para apañar el ganado de todos los días sí, a eso claro que iban las mujeres también, para el ganado que teníamos cogido.» (Miguel Viera Torres, 1931, ganadero de Morro Jable).

     

    “La participación de las mujeres en las apañadas de las cabras de costa habitualmente ha sido reducida, siendo una labor tradicionalmente asignada a los varones. Pero la falta de varones en la unidad familiar u otra razón de peso han llevado a que algunas mujeres hayan desempeñado también esta actividad masculinizada”, explican.

     

    «(...) yo en Las Salinas… Yo nunca me acuerdo de ver mujeres, me acuerdo de ver mujeres alguna vez en El Matorral, para arriba, en la gambuesa que había allí, que le dicen la gambuesa de Amuley, aquello le dicen Amuley, (…). Alguna, alguna vez, así las mujeres de algún ganadero o tal y cual, pero aquí donde le dicen Janey, la costa de Janey le dicen, ahí en Betancuria, ahí sí recuerdo yo de ver mujeres, las mismas hijas de los ganaderos iban a apañar porque les gustaba ¿Hace tiempo? Sí hace tiempo, cuando yo era nuevo iba a apañar y les oía decir que las hijas de señor Isidro Alonso, se llamaba el padre, tenía siete hijas hembras y uno macho me parece y pues claro iban las hijas a apañar el ganado de los padres, no era normal, en las apañadas yo siempre he visto a los hombres.» (Agustín de León Soler, 1932, Casillas del Ángel).

     

    Si bien es cierto que las mujeres planteaban una participación diferente en la economía rural majorera, es en ciertos momentos de vital importancia para las economías familiares cuando se dejaba entrever su fortaleza.

     

    «(...) tengo una hermana, la más vieja, (...) esa mujer era la pastora que tenía mi madre cuando mi padre estuvo en la guerra y estuvo enfermo. Se iba a apañar las cabras hasta Cofete desde Los Canarios, hasta las veredas, ella, mejor que lo que hacía yo después, un hombre, un pastor, con los tíos, con los ganaderos apañaba, eso le gustaba mucho, hasta que se casó, hasta que se vino y ya empecé yo a salir.» (Juan Pérez Viera, 1951, comisionado de Pájara).

     

    «Yo no me acuerdo, mujeres cuidando los ganados sí que me acuerdo pero de ir a las apañadas no, ahí en el Llano del Sombrero mismo me acuerdo yo de ver, de aquí de la Vega, porción de mujeres que a mí me parece que ya no queda casi ninguna. Las demás murieron también que eran una partida de hermanas, estaban con el ganado con el padre que en paz descanse y estaban allí abajo.» (Vicente Hernández Santana, 1946, comisionado de Betancuria).

     

    Más recientemente se han organizado en el mancomún de Betancuria ‘apañadas para mujeres’, en las que las mujeres eran las protagonistas principales aunque también acudían hombres. Esta iniciativa surgió de dos mujeres del municipio de Betancuria y fue apoyada y promocionada por el comisionado de Betancuria y sus ganaderos.

     

    «(...) donde se acostumbraba a dar unas apañadas es... ¿dónde le dicen eso? ¡Coño! Janey, en el valle de Janey, para ahí se acostumbraba el compañero Vicente Hernández. Daba una apañada para mujeres, podían ir los hombres que quisieran pero avisaban a las mujeres, a las muchachas nuevas (...).» (Nicolás Herrera Cabrera, 1937, comisionado Antigua Sur).

     

    «Eso las hicimos en Janey, estuvimos unos años haciéndolas (...) Nosotros sí, las hicimos hace unos cuantos años, que la chica esta murió la pobre, se llamaba Juana Brito, del valle de Santa Inés, fue la que lo promocionó y la que tiene la cafetería El Cencerro en el Puerto, Juana. Esas dos muchachas fueron las que intentaron hacer eso y entonces nosotros le seguimos la corriente y las hicimos y estuvimos unos cuantos años haciéndolas pero después la muchacha esa murió la pobre y lo dejamos. (…) ellas las pobres lo inventaron y nosotros las apoyamos y estuvimos unos cuantos años haciéndola.» (Vicente Hernández Santana, 1946, comisionado de Betancuria).

     

    «Ahora a última hora sí antes no, antes no en esa época. Me acuerdo a última hora se hizo. Se nombraba ahí unas apañadas para que las mujeres fueran, fueron unas cuantas veces pero en la épocas que nosotros teníamos antes, lo que se está haciendo hoy en la época no se hubiese visto eso, no teníamos agua ni para beber cuando llegábamos a la gambuesa (...).» (Maximino Robaina Torres, 1937, ganadero y carnicero de Betancuria).

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