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Fuerteventura y el equilibrio territorial en Canarias: una cuestión de coherencia

Por Juan Jesús Rodríguez Marichal, Economista y presidente de la Cámara de Comercio de Fuerteventura

 

El debate sobre nuevas conexiones y nodos de entrada en Canarias se ha planteado en numerosas ocasiones en términos sanitarios o logísticos. Sin embargo, conviene situarlo en su verdadero contexto: no se trata de cuestionar la seguridad de los controles ni la capacidad técnica de los territorios, sino de reflexionar sobre el modelo de desarrollo económico y territorial que queremos para el archipiélago.

 

El marco normativo europeo garantiza que los controles sanitarios aplicados en cualquier punto autorizado cumplen los mismos estándares. Por tanto, no cabe establecer diferencias cualitativas entre territorios en función de su localización. Desde esta perspectiva, el análisis debe centrarse en cómo se organizan y distribuyen las infraestructuras estratégicas dentro de Canarias.

 

Históricamente, el sistema logístico del archipiélago ha tendido hacia la concentración en determinados nodos, especialmente en islas capitalinas como Gran Canaria. Este modelo ha permitido aprovechar economías de escala y optimizar determinados procesos. No obstante, también ha generado efectos que deben ser tenidos en cuenta, como la dependencia de intermediación, la concentración de márgenes en determinados puntos de la cadena y una menor capacidad de acceso directo a mercado por parte de islas no capitalinas.

 

En este contexto, Fuerteventura plantea una reflexión legítima: avanzar hacia un modelo más equilibrado, que permita reforzar la autonomía operativa de cada isla en función de su realidad económica y productiva. Esto no implica sustituir el modelo existente, sino complementarlo, incorporando criterios de cohesión territorial y resiliencia del sistema.

 

Un enfoque más distribuido contribuiría a mejorar la competitividad del sector primario, facilitando el acceso directo a insumos y mercados, además de a diversificar los canales logísticos, reduciendo riesgos asociados a la concentración, y por último reforzaría el equilibrio territorial, alineando las decisiones operativas con los principios recogidos en las políticas públicas.

 

Asimismo, es importante subrayar que el objetivo no es plantear excepciones ni tratamientos diferenciados, sino garantizar la aplicación de criterios homogéneos en todo el territorio. La coherencia en la toma de decisiones es un elemento clave para generar confianza y estabilidad en el tejido económico.

 

En definitiva, el debate actual ofrece una oportunidad para avanzar hacia un modelo más equilibrado, donde la eficiencia logística conviva con la cohesión territorial y la igualdad de oportunidades entre islas. Fuerteventura, desde su realidad y potencial, puede y debe formar parte activa de esa evolución.

 

El reto no es técnico, sino estratégico: definir cómo queremos que se estructure Canarias en el futuro y qué papel desempeña cada isla dentro de ese modelo común.

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