FRANCISCA GAZMIRA, ORGULLO DE LOS CANARIOS. Día Internacional de la mujer

Por Pedro Hernández-Guanir
Hoy, 8 de marzo, unas pinceladas sobre Francisca de Gazmira, mujer canaria cuya vida merece ser recordada en el Día Internacional de la Mujer. Lo que se conmemora hoy es la lucha de las mujeres por participar en igualdad, por ocupar su lugar en la sociedad y por desarrollarse plenamente como personas.
AMONTONAMIENTO DE BASURA VIVIDA
La noche puede ser sudario de podredumbre en la embarcación que bambolea, donde ella no siente los grilletes, ni el cuerpo dolorido, ni las babas de los raptores. Solo percibe el alivio de habérsele calentado los pies helados. Yerta, junto a docenas de compañeras y esclavos, permanece casi anestesiada del rapto sufrido por la tarde en la playa palmera, de las manazas de hierro de sus captores, de su propio grito incesante: “¡Gazmira! ¡Gazmira!”. ➤ Es a lo único a lo que puede agarrarse: el bando, la tierra donde viven los suyos —madre, padre, hermanos—, el poblado de cuevas ya lejano, en Benaohare, su isla, su patria.
Bajo ese sudario de podredumbre se amontonan, sin recuerdos nítidos, los intentos y babas de los raptores. Ahora, al amanecer en las costas de Gran Canaria, solo palpita en ella el deseo de lanzarse al agua y purificarse de tanta suciedad con la sal del mar cristalino.
UN REGALO RAPTADO
Gazmira es raptada en el verano de 1481, con doce años, en la Playa de las Mujeres, en La Palma. Disfruta de una libertad pura, enlazando sus manos con las de sus compañeras y saltando sobre las olas, cuando el aire cambia. Un olor metálico se filtra entre la brisa y, de las sombras de los tarajales, surgen los traficantes de personas. Silenciamos lo ocurrido en el barco que la traslada a Gran Canaria, donde es entregada como regalo de onomástica, el 29 de septiembre, a Miguel Múxica, capitán comisionado por los Reyes, con quien Catalina Guerra se esposa: un “braguetazo” geopolítico entre la honestidad del de Ordizia y el pragmatismo de los Guerra, aunque Catalina ha nacido en Lanzarote.
REFUGIO EN JESÚS
A la esclava benahoarita no le resulta difícil abrazar el cristianismo tras el desgarro familiar, el acoso y el desprecio de Catalina. En Múxica halla aprecio, y en Jesús —el inocente clavado en la cruz— un espejo de su dolor. Convencida de que lo mejor para los suyos es acogerse a la fe y confiar en los nuevos regentes, toma el nombre de Francisca.
Aun así, se pregunta por qué los castellanos cubren sus cuerpos con tantas telas si no hay nieve: “quien se esconde tanto, algo oculta”. Y ve magia negra en los escribanos que atrapan almas al anotar nombres. De ahí nace su obsesión por aprender leyes para liberar a los suyos.
En su cautiverio ilustrado, Francisca encuentra refugio en el Hombre de los Dolores. No ve al Dios de los conquistadores, sino al inocente juzgado injustamente. Tras la muerte de Múxica en 1483, alcanzado por una galga en Ajódar, ella, ya libre, pasa a ser ama de llaves del Regidor Juan Zurita. Catalina Guerra, convertida en abuela de hierro, no deja de tramar con Fernández de Lugo la desaparición de esta “salvaje palmera”.
INDIGNACIÓN ANTE EL ENGAÑO
Gazmira llora e hierve al sentirse cómplice involuntaria del abuso que los conquistadores —como Francisco de Espino— ejercen sobre los suyos, reduciéndolos a esclavitud pese a ser “personas cristianas y de paces”. Los Alzados no le perdonan esa actitud.
Su mundo se quiebra cuando, tras inducir la rendición de sus paisanos, presencia la traición al inexpugnable Tanausú, caudillo de Aceró. Lugo le pide que medie. Ella sube a los riscos y jura que, si baja a parlamentar, saldrá libre. Pero los soldados se abalanzan sobre él. Francisca grita, interpone su cuerpo, pero es apartada. El grito «¡Vacaguaré!» se le clava para siempre. “Han ganado una isla —exclama—, pero han creado una amazona que conoce sus leyes y luchará por los suyos”.
LA CONQUISTA DE LA CORTE
Así Francisca llega a la Corte, donde obtiene la comprensión de la Reina y provisiones decisivas: en 1495 se ordena liberar a los canarios de los bandos de paces; y en 1500, en Sevilla, se decreta la libertad de todos los indios traídos a Castilla. Las Actas del Cabildo muestran la irritación de los nuevos dueños de las islas ante el caos previsto. Alonso de Lugo llega a preguntarse si tendrá que conquistar la isla de nuevo.
No es fácil encontrar heroínas en el pasado, y sin embargo Francisca de Gazmira —mujer, isleña remota, marcada por la esclavitud— logra llegar a la corte castellana para defender a los suyos. Su temple de amazona palmera, formada en leyes y guiada por una fe activa, convierte sus heridas en impulso, aunque también en un árido malpaís donde no germina el amor.
GAZMIRA Y SISO ABRAZADOS POR EL VOLCÁN
En la psiconovela, ese territorio interior se resquebraja cuando, en Valencia, en 1506, se encuentra con Siso —ahora Vicente Beltrán—, niño guanche raptado como ella. En su búsqueda de identidad nace un vínculo que desborda las normas: ella reconoce en él al hijo que nunca tuvo; él, a la madre arrebatada. Lo que empieza como refugio se transforma en un amor prohibido, un abrazo del volcán cuyas brasas amenazan con consumirlos. Sobre ellos sobrevuelan muchos cuervos negros: Catalina Guerra, Alonso Fernández de Lugo y quienes han sido señalados por Francisca en los juicios de residencia del Adelantado.
Ambos mueren en 1525, según se cree, envenenados por manos y motivos distintos. Pero la figura de Francisca de Gazmira queda en pie: mujer, esclava, resiliente, enamorada, cristiana, canaria y comprometida con su pueblo. Una vida tan grande que hoy, 8 de marzo, merece ser recordada y honrada.
¡ADELANTE A TODAS LAS MUJERES EN LA LUCHA POR LOS DERECHOS Y LA DIGNIDAD!!!
Un abrazo fuerte
